América Latina en Resistencia: ¿Cumbre sin Américas?

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América Latina en Resistencia: ¿Cumbre sin Américas?

Editorial / Influencia de EE.UU. puesta a prueba

La política de administración Trump hacia América Latina estuvo marcada por sanciones, amenazas militares y comentarios racistas. Con la llegada de Biden, los imperialistas más entusiastas esperaban una fachada más sofisticada que permitiera reafirmar la hegemonía norteamericana en el continente.

Sin embargo, el plan no ha funcionado y se acerca un evento que puede poner aún más en jaque la influencia de Washington en la región: la IX Cumbre de las Américas en Los Angeles, del 6 al 10 de junio.

Como país anfitrión, EE.UU. tiene la potestad de marcar la pauta y decidir a quienes invitar. Con su soberbia característica, Washington decidió excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela por no cumplir con sus estándares de “democracia”. Simplemente porque se niegan a doblegarse y a abdicar de sus respectivos proyectos.

En la imaginación de los asesores de la Casa Blanca, el resultado sería una cumbre llena de discursos bonitos sobre “libertad” y “democracia”, con líderes regionales afirmando su lealtad a Washington. La realidad ha sido distinta, en una clara señal que la credibilidad de la EE.UU. está muy baja en los días que corren.

El primer aviso vino del embajador de Antigua y Barbuda en Estados Unidos, Ronald Sanders, quien reveló que los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) consideran ausentarse de la cumbre si se concreta la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua de la cita.

“La Cumbre de las Américas no es una reunión de EE.UU., por lo que EE.UU. no puede decidir quién está invitado y quién no”, afirmó Sanders.

Aunque todavía no confirmada, es una toma de posición firme por parte de los pequeños Estados caribeños. Pero la política de Washington se ha enfocado únicamente en aislar a Cuba o impedir que los países de Caricom formen lazos con China.

Las respuestas de otros países no tardó. Algunos, como Argentina, criticaron la postura de la administración Biden aunque sin comentar sobre su participación. En cambio, los presidentes de Bolivia y México, Luis Arce y Andrés Manuel López Obrador, afirmaron que no participarán en la cumbre si se excluye al “eje del mal”, enviando delegaciones de más bajo perfil.

López Obrador ha sido tajante en criticar los planes de la Casa Blanca, visitando Cuba y denunciando el bloqueo estadounidense recientemente.

Otra ausente notable será Xiomara Castro, nueva presidenta de Honduras. El gesto diplomático es significativo ya que viene de un país que durante más de 10 años fue un fiel lacayo de EE.UU.

Para la administración Biden, las próximas semanas serán de mucho nerviosismo y control de daños. Necesita evitar a toda costa que una cumbre organizada en su suelo se vuelva un desastre de relaciones públicas. Pero al mismo tiempo no puede retroceder e invitar a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

La cumbre de junio podrá paradójicamente convertirse en un impulso para las iniciativas de integración regional independientes de EE.UU. López Obrador, por ejemplo, viene argumentando que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) debería sustituir la moribunda Organización de Estados Americanos (OEA).

El nerviosismo norteamericano solo aumentará con una mirada al calendario electoral que se acerca. Es bastante probable que los candidatos de izquierda salgan victoriosos en las elecciones presidenciales en Colombia y Brasil, los dos aliados clave de EE.UU. en Suramérica.

Si en Brasil Lula habla de una moneda común para fomentar el desarrollo latinoamericano, en Colombia Petro habla de reestablecer relaciones diplomáticas con Venezuela.

Sus victorias respectivas no significarán una amenaza de muerte para los intereses estadounidenses en la región, especialmente para sus empresas multinacionales. Este análisis se extiende también a Chile, donde Boric resultó electo. De hecho, muchos líderes o candidatos de centro-izquierda, por cobardía u oportunismo, se han sumado al discurso “oficial” que cuestiona las elecciones o el respecto a los derechoso humanos en Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Pero al mismo tiempo es claro que no estarán dispuestos a sumarse a las descaradas operaciones de cambio de régimen promovidas por Washington, lo que es un cambio significativo si recordamos el triste papel que han jugado presidentes títeres como Piñera (Chile) o Duque (Colombia).

EE.UU. no quedará de brazos cruzados mientras su hegemonía en el continente se desvanece poco a poco. Los precedentes han sido sangrientos. Pero nadie dijo que derrotar al imperio sería tarea fácil.

 

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